“Blanca Nieves y los siete enanitos” fue el primer largometraje animado en lengua inglesa de la historia. Estrenada en 1937, el filme triunfó en todo el mundo y lanzó a Walt Disney al estrellato. Gracias a este y otros trabajos, Disney logró convertir los menospreciados dibujos animados en un sofisticado medio de expresión artística. De aquella película hasta la actualidad, la evolución en el modo de elaborar estas historias ha sido radical.
De forma tradicional, el trabajo de un animador es comparable al de un artesano, por ejemplo un zapatero, quien se enfrenta manualmente a sus obras sin otra intervención que sus manos. En el caso que tratamos los animadores crean múltiples imágenes para generar la ilusión de movimiento al ser mostradas rápidamente una tras otra.
Fruto de esta dedicación, las hijas de estos zapateros, artesanos o animadores, como queramos llamarles, han sido incontables a lo largo de la historia del cine y la televisión. Imaginación, paciencia y talento han creado para la posteridad personajes femeninos como Minni Mouse, Betty Boop, Pitufina, Heidi, Vilma Picapiedra, Betty Mármol, Daphne Blake…
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